
La historia comienza ubicando al lector en una aldea, Betania, donde viven dos hermanas, Marta y María. El núcleo familiar constituido por María, Marta y Lázaro, era visitado por Jesús con frecuencia. Toda vez que visitaba Betania, se detenía en la casa de ellos, ya que les unían grandes lazos de amistad. El autor del libro recuerda a los lectores que María en una ocasión anterior había derramado un perfume muy costoso sobre el Señor y lavado sus pies con sus cabellos. Esta mención es un ejemplo de que toda acción positiva que hacemos, cada día, está siempre presente en la mente de Dios. Nuestro Padre celestial no se olvida del bien que hacemos y a su tiempo cosecharemos el fruto de nuestras acciones, sea en este siglo o en el venidero.
Lázaro enferma y las hermanas envían un mensajero al Señor para notificarle de la enfermedad de su hermano, en especial, porque saben que él ama mucho a Lázaro. En este pasaje la palabra griega corresponde al amor filial, al amor que existe entre los miembros de una familia. En otras palabras le estaban diciendo, Lázaro, al que amas como a un hermano, ha enfermado y se ve muy mal.
Oyéndolo Jesús, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella. Y amaba Jesús a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando oyó, pues, que estaba enfermo, se quedó dos días más en el lugar donde estaba. (versos 4-6)
Cuando los mensajeros traen la noticia a Jesús, él inmediatamente les indica que esta situación difícil que atraviesa Lázaro no es para muerte. Es una situación donde Jesús mostrará que es el Hijo de Dios y a través de ello dará gloria a su Padre. El autor vuelve a indicar que Jesús amaba a todos los miembros de esta pequeña familia. No importa cuan pequeños seamos, Jesús nos ama. El Señor no se puso ansioso, no se desesperó ni angustió. Al contrario, confiado en que tenía control sobre la situación, se quedó dos días más en el lugar donde estaba. ¿Qué desilusión para los mensajeros? Posiblemente, ellos esperaban que Jesús saliera corriendo para la casa de Lázaro, sin embargo, decidió quedarse dos días más donde estaba. Son muchas las instancias donde lo que esperamos que Dios haga no es lo que él entiende que debe hacer; puesto que no es lo mejor. Hay situaciones que nos producen mucha tristeza y quizás angustia, sin embargo son para la gloria de Dios. Tenemos que aprender a confiar en que Dios tiene cuidado de nosotros y que a su debido tiempo intervendrá y proveerá para resolver la situación difícil en la que nos encontremos.
Dicho esto, les dijo después: Nuestro amigo Lázaro duerme; mas voy para despertarle. Dijeron entonces sus discípulos: Señor, si duerme, sanará. Pero Jesús decía esto de la muerte de Lázaro; y ellos pensaron que hablaba del reposar del sueño. Entonces Jesús les dijo claramente: Lázaro ha muerto; y me alegro por vosotros, de no haber estado allí, para que creáis; mas vamos a él. (versos 11-15).
Pasados los dos días, Jesús decide ir a la casa de Lázaro. En este momento ya Lázaro ha muerto y Jesús dice a los apóstoles que va a despertarlo. En este contexto Jesús no se refiere al sueño sino a la muerte física; donde el alma se separa del cuerpo físico. Jesús dice a los apóstoles que se alegra por ellos, de no haber estado cuando Lázaro convalecía. ¿En que sentido se alegra por ellos? Si hubiese estado allí, lo habría sanado y Lázaro no habría muerto. Este milagro de sanidad no les habría impactado mucho puesto que sería uno más de los que ya había realizado. Sin embargo, levantarlo de su tumba, cuatro días después de muerto, haría un huella inolvidable en la vida de los que presenciaron el evento y en especial en la vida de los discípulos. ¿Quién es este que ni aún la muerte lo puede detener? La resurrección de Lázaro sería un evento que solidificaría la fe de los apóstoles; evento que apuntaría hacia la realidad de que Jesús es el Hijo de Dios.
Vino, pues, Jesús, y halló que hacía ya cuatro días que Lázaro estaba en el sepulcro. Betania estaba cerca de Jerusalén, como a quince estadios; y muchos de los judíos habían venido a Marta y a María, para consolarlas por su hermano. Entonces Marta, cuando oyó que Jesús venía, salió a encontrarle; pero María se quedó en casa. Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto. Mas también sé ahora que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará. (versos 17-22)
La casa estaba llena de gente puesto que todos amaban mucho a esta familia. Marta sale al encuentro del Maestro y le dice “Señor si hubieras estado aquí mi hermano no habría muerto.” Posiblemente, algunas personas pensaron que había llegado muy tarde. El cuerpo de Lázaro había iniciado su proceso de descomposición. Pero, ¿llegó tarde el Señor? La respuesta es simple y sencilla, no. Él estuvo y estaba con la familia en todo el proceso de la enfermedad y muerte de Lázaro. Por esta razón, cuando le fueron a dar la noticia, el dijo, “No es de muerte sino para la gloria de Dios”. ¿Cuántas veces hemos llegado a pensar que no está? Sin embargo, nos está guiando paso a paso. Marta reconoce que si Jesús hubiese estado presente físicamente, Lázaro no habría muerto. Luego declara con toda seguridad “pero aún así estoy convencida de que todo lo que le pidas a Dios te será concedido”. Que convicción profunda tiene esta mujer.
Jesús le dijo: Tu hermano resucitará. Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero. Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto? Le dijo: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo. (versos 23-27)
En Juan 5:29, el apóstol indica que hay dos resurrecciones; “los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida (primera resurrección); mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación (segunda resurrección)”. La primera resurrección comienza en el rapto de la iglesia y termina al final de la gran tribulación. La segunda resurrección ocurre al final del milenio, donde los que no creyeron a la verdad, serán separados de Dios por toda la eternidad. Jesús dice a Marta, no me refiero a la primera resurrección, me refiero a que “Yo soy la vida” y por tanto, él resucitará ahora, porque así lo deseo. Ningún ser humano ha dicho cosa semejante, sólo el Hijo de Dios tiene autoridad para hacerlo. Varios escritores, entre ellos C.S. Lewis, han señalado que para hacer declaraciones como la anterior, y de hecho hizo muchas de este tipo; Jesús tenía que ser el Hijo de Dios, de lo contrario, sería un mentiroso, un manipulador y por consiguiente un mal maestro. Sin embargo, su nacimiento sobrenatural, su ejecutoria perfecta durante sus 33 años de vida y su resurrección de entre los muertos indica que él es en verdad el Hijo de Dios. Luego el Señor hace una promesa para nosotros “todo el que vive y cree en mí, no morirá eternamente.” Esta es la promesa de vida eterna que Dios nos ha hecho. Jesús le pregunta ¿lo crees? Y ella le contesta, sí tú eres el Hijo de Dios.
Jesús todavía no había entrado en la aldea, sino que estaba en el lugar donde Marta le había encontrado. Entonces los judíos que estaban en casa con ella y la consolaban, cuando vieron que María se había levantado de prisa y había salido, la siguieron, diciendo: Va al sepulcro a llorar allí. María, cuando llegó a donde estaba Jesús, al verle, se postró a sus pies, diciéndole: Señor, si hubieses estado aquí, no habría muerto mi hermano. Jesús entonces, al verla llorando, y a los judíos que la acompañaban, también llorando, se estremeció en espíritu y se conmovió, y dijo: ¿Dónde le pusisteis? Le dijeron: Señor, ven y ve. Jesús lloró. Dijeron entonces los judíos: Mirad cómo le amaba. (versos 30-36)
Marta avisa a María, y ésta fue a ver al Maestro que todavía no había entrado a la aldea. Y cuando llegó a donde estaba se arrodilló llorando y dijo “Señor si hubieras estado aquí mi hermano no habría muerto.” Ambas, Marta y María estaban convencidas de que si Jesús hubiese estado con ellos, Lázaro no habría muerto. Esta familia estaba convencida de que Jesús sanaba a los enfermos, no importa cuán compleja fuera la enfermedad. Cuando Jesús vio llorando a María, junto a los judíos que vinieron con ella, que también lloraban, se conmovió profundamente en el espíritu, se entristeció y lloró. Las lágrimas de Jesús fueron reconocidas como fruto del amor que tenía por la familia y por Lázaro. El Maestro ama a sus discípulos y se entristece cuando los ve sufrir como en esta ocasión.
Y algunos de ellos dijeron: ¿No podía éste, que abrió los ojos al ciego, haber hecho también que Lázaro no muriera? Jesús, profundamente conmovido otra vez, vino al sepulcro. Era una cueva, y tenía una piedra puesta encima. Dijo Jesús: Quitad la piedra. Marta, la hermana del que había muerto, le dijo: Señor, hiede ya, porque es de cuatro días. Jesús le dijo: ¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios? Entonces quitaron la piedra de donde había sido puesto el muerto. Y Jesús, alzando los ojos a lo alto, dijo: Padre, gracias te doy por haberme oído. Yo sabía que siempre me oyes; pero lo dije por causa de la multitud que está alrededor, para que crean que tú me has enviado. Y habiendo dicho esto, clamó a gran voz: ¡Lázaro, ven fuera! Y el que había muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: Desatadle, y dejadle ir. Entonces muchos de los judíos que habían venido para acompañar a María, y vieron lo que hizo Jesús, creyeron en él. (versos 37-46)
La gente decía ¿No podía éste, que abrió los ojos del ciego, haber evitado también que Lázaro muriera? Claro que sí, esa fue la posición que sostuvieron Marta y María. Jesús dijo: Quitad la piedra. Marta, hermana del que había muerto, le dijo: Señor, ya hiede, porque hace cuatro días que murió. Esta declaración se puede interpretar como que en el momento de la verdad, Marta tuvo duda. Jesús le dijo: ¿No te dije que si crees, verás la gloria de Dios? Jesús no la trata con reproches, por el contrario, le recuerda lo que ya le había dicho, si crees en mí verás la gloria de Dios. Jesús alzó los ojos a lo alto, y dijo: Padre, te doy gracias porque me has oído. Yo sabía que siempre me oyes; pero lo dije por causa de la multitud que me rodea, para que crean que tú me has enviado. Jesús no tenía que decir nada, sólo tenía que ordenar; Lázaro ven fuera. Sin embargo, conociendo la debilidad de los presentes, habló al Padre para recordarles que fue él quién lo envió y por consiguiente, siempre lo escucha y apoya.
Jesús siempre llega en el momento adecuado para edificar y aumentar la fe, no de unos cuántos, sino la de muchos. “Entonces muchos de los judíos que habían venido para acompañar a María, y vieron lo que hizo Jesús, creyeron en él.”

Muy a menudo, nos acercamos al trono de la Gracia con peticiones y preguntas, y eso es algo bueno. Pero ¿cuántas veces acudimos a Dios para preguntarle: Qué es lo que quieres que haga? “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33). “Y su justicia” La Biblia dice: “Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios” (Miqueas 6:8). Dios tienes deseos, y Él demanda cosas de nosotros. ¡Somos los embajadores de Su Reino, y Él no nos envía a nuestra misión sin indicaciones de lo que tenemos que hacer! Al contrario, Él nos da indicaciones muy precisas. Aquí tienes algunos ejemplos de lo que el Señor nos pide: Que pongamos en práctica Su Palabra: “Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos” (Santiago 1:22). Si pasamos tiempo en meditar la Palabra de Dios, será más complicado que nos dejemos llevar por razonamientos falsos. Que amemos la bondad. Es decir, que estemos llenos de bondad, de benevolencia, de generosidad, de gracia y de otros tantos valores que pertenecen al Reino de Dios. ¿Conoces los dos mandamientos más grandes? “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Éste es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22:37-39). ¡Ellos solos resumen la ley entera! Amar a Dios es amar al prójimo, y eso es lo que Dios nos llama a hacer. Que andemos humildemente en la Presencia de nuestro Dios: “El temor de Jehová es enseñanza de sabiduría; y a la honra precede la humildad” (Proverbios 15:33). Jesús es nuestro modelo perfecto de humildad. ¡Sí, busca complacer a Dios haciendo lo que es justo delante de Él! “Entonces nacerá tu luz como el alba, y tu salvación se dejará ver pronto; e irá tu justicia delante de ti, y la gloria de Jehová será tu retaguardia” (Isaías 58:8). Dios desea que busques Su Reino y Su justicia, que hagas lo que es agradable delante de Él. Querido(a) amigo(a), hoy te invito a que te tomes un tiempo para pedir al Señor que te muestre qué es lo que Él espera de ti. Una vez que estés seguro(a) de que la respuesta que has recibido está en consonancia con la Palabra de Dios, solo te queda algo por hacer: ¡ponerte en movimiento! ¿Te apetece orar conmigo? “Señor, deseo hacer todo aquello que pidas, y ser agradable a Ti. Ayúdame a poner en práctica Tu palabra, a amar como Tú amas y a andar humildemente contigo. Hazme entender Tus deseos. Que en este día yo viva de acuerdo a Tu voluntad, y que pueda sentir Tu Presencia a mi lado. En el Nombre de Jesús. ¡Amén!” Gracias por existir, Éric Célérier

“Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33). “El reino de Dios...” ¿Cómo podríamos definir el Reino de Dios? Es interesante que la expresión “Reino de Dios” o “Reino de los cielos” es mencionada más de 100 veces en la Biblia. Lo mismo pasa con otras dos palabras muy importantes: “Evangelio” (mencionada 90 veces) e “Iglesia” (mencionada más de 100 veces). Todos estamos convencidos de lo importante que es el Evangelio, la buena nueva de la salvación en Jesucristo. Estamos todos convencidos igualmente de lo importante que es la Iglesia, la esposa de Cristo. Pero pocos se dan cuenta de la importancia que tiene el Reino de Dios. En inglés la palabra “reino” es “kingdom” es decir “el dominio del rey”, y la etimología de la palabra “reino” refleja que es aquello “que pertenece a un rey”. ¡Jesús es el Rey! Y Su Reino no se parece a ningún otro reino ni dominio sobre esta tierra. “Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo” (Romanos 14:17). Cuando Jesús nos pide que busquemos primeramente el Reino de Dios, nos invita en realidad a que busquemos a Aquél que representa dicho Reino, con todos los valores que comporta: la justicia, la paz, el amor, la humildad, la bondad, la dulzura, etc,... En este día, deseo que puedas ser más consciente de que perteneces a este Reino, en el que Jesús es tu buen y maravilloso Rey, y en el que reinan la paz y la justicia. Querido(a) amigo(a), no solamente formas parte de este Reino, sino que eres además coheredero(a) de este Reino. Eres el/la hijo(a) querido(a) del Rey, Él te ama y te llama por tu nombre. Tienes un sitio en Su mesa, y te promete innumerables tesoros, tanto materiales como espirituales. ¡Querido(a) amigo(a), en Jesucristo, todo es tuyo! “Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados” (Romanos 8:17). Por lo tanto, busca primeramente al Rey de este Reino y aquello que proviene de Su corazón, y todas las demás cosas te serán dadas por añadidura. Gracias por existir, Éric Célérier

Aquellas ocasiones en las que has deseado comenzar una nueva etapa en tu vida, ¿te has enfocado en aquello que es más necesario para alcanzar tu objetivo? ¿Le has dado prioridad? “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33). “Primeramente...” significa “en primer lugar”, indica prioridad. La palabra griega para principio es “protón”. A nivel científico, el protón es una partícula situada en el núcleo del átomo. ¿Y sabías qué? Ese protón posee una carga eléctrica positiva. El Creador es siempre anterior a la creación. Él es el principio, y Él es también el fin: “Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último” (Apocalipsis 22:13). Reflexiona sobre cuáles son aquellas cosas que pones en primer lugar en tu vida, aquello a lo que le das prioridad. ¿Actúas como si Dios ocupara el primer lugar: en tus relaciones? en tu vida familiar? en tus sueños y proyectos? en la manera en que te tratas a ti mismo? Jesucristo es el “protón” divino. Él es el centro, el núcleo alrededor del cual nuestra vida debe girar. ¡Él nos da esa energía positiva que nos hace tanta falta! La Biblia dice que “[Dios] da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen” (Romanos 4:17). Así es cómo Dios actúa en nuestra vida. Cuando Dios habla, la creación entera se pone en movimiento para obedecerle. Cuando ponemos primero a Dios frente a todo lo demás, le damos libertad para que Él cree nuevas cosas en nuestra vida, para que las llame a existencia. Querido(a) amigo(a), te animo a poner a Dios en el centro de todo lo que hagas y de todo lo que deseas: que Él sea tu prioridad, el centro de tu ser, el centro de tus sueños, el centro de tus proyectos. Te invito a orar conmigo: “Señor, quiero darte el primer lugar en mi vida. Desde el momento en el que me levanto haz que mis pensamientos se vuelvan hacia ti para que pueda poner todo en Tus manos. Tú conoces mis sueños y mis proyectos. A partir de hoy, te cedo el primer sitio para que puedas actuar plenamente en mi vida. En el Nombre de Jesús, ¡Amén!” Gracias por existir, Éric Célérier

“Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33). “Mas buscad…” Todos buscamos alcanzar nuevas metas, y tenemos el deseo de ser felices, de tener éxito profesional y personal, de tener buena salud, de extender nuestros límites… Te invito a que te hagas esta pregunta hoy: ¿Qué buscas? ¿Buscas: construir un matrimonio equilibrado y feliz? criar bien a tus hijos y guiarles para que conozcan a Jesús? prosperar en tus asuntos profesionales? profundizar en tus amistades? satisfacer las necesidades de tu familia? En definitiva, ¿buscas ser feliz? Todas estas cosas son buenas, y Dios desea dártelas: Él te anima a que las busques. De hecho, Su voluntad es que hagas de Él la fuente de donde proceden todas tus bendiciones. Muy a menudo pensamos que la felicidades es algo exterior a nosotros, y que depende de nuestras circunstancias. Pensamos: “cuando tenga todas estas cosas, entonces seré más feliz…”. Pero Dios desea enseñarnos que solo Él es que nos puede dar la verdadera felicidad. Es por eso que es a Él a quien tenemos que buscar primeramente. Cuando Jesús dio su primer sermón, “el Sermón del Monte” (Mateo 5:1-48), habló nueve veces acerca de la felicidad. La palabra para “Feliz”, “bendecido”, “bienaventurado” en griego es “makarios”, y hace referencia a un estado que no puede ser alcanzado completamente sino a través de una relación profunda con el Creador de nuestra alma. En Dios estás completo (mira Colosenses 2:10), y en Él vives, te mueves y existes (mira Hechos 17:28). ¡Te invito a que Le busques apasionadamente y a qué te dejes encontrar por Él! Dios desea revelarse más a ti, porque de hecho Él es el que te buscó primero. Gracias por existir, Éric Célérier PD: Estos textos han sido extraídos de Un Milagro Cada Día, un email alentador que escribo y envío diariamente a miles de personas. Si quieres recibir cada día este mensaje de aliento en tu correo electrónico, puedes suscribirte en este enlace. Además, al suscribirte recibirás el libro electrónico “10 claves para volver a conectarte con Dios”, el cual te ayudará a profundizar en tu comunión con Dios.

La vida está llena de incertidumbre. Tengo la tendencia natural a preocuparme porque pienso que pasará algo malo aun cuando las cosas van bien. De hecho, a veces lo hago más cuando las cosas están fluyendo en mi vida. Ser propenso a asumir lo peor se correlaciona directamente con olvidar la bondad y el cuidado de Dios. Tú y yo debemos recordar que Dios siempre está con nosotros y que pasaremos la eternidad con Él. Pero si somos honestos, la eternidad nos puede abrumar porque no estamos seguros de cómo sea el cielo. Aún así, Dios permitió al apóstol Juan ver y contar lo suficiente para emocionarnos sobre lo que vendrá. El cielo no es nada que nuestra humanidad pueda comprender — "Sin más muerte, dolor, pesar o lágrimas". Creo que también podríamos decir que tampoco habrá ansiedad ni depresión. Dios estará cerca y por siempre sentiremos su amor y protección porque somos sus hijos queridos. En este último día, simplemente te animo a meditar en los primeros siete versos de Apocalipsis 21. Oro para que sin importar lo preocupados o ansiosos que estemos o lo difícil que sean nuestras circunstancias actuales, encontremos esperanza en lo que viene adelante. Esto no es sobre aferrarse a una esperanza y a una paz que algún día serán, esto se trata de apropiarnos a cuán amados somos. Mientras más recordemos el profundo amor de Dios por nosotros, el temor tendrá menos posibilidad de capturar nuestros corazones porque su perfecto amor echa fuera el temor.

Con el transcurrir de los años, al evaluar las diferentes cosas que me generan ansiedad o me estresan, noto que hay un denominador común en mi respuesta: el deseo de estar en control. Interpreto escenarios potencialmente negativos o imagino proyectos de trabajo sin éxito, como si eso me permitiera estar al control. No pasará nada sin que yo lo haya previsto o sin que me haya preparado para enfrentarlo. El problema, sin embargo, es que la confianza y el control no coexisten. Puedes tener control o tener confianza, pero no ambos. Esto es un desafío ya que en su Palabra, Dios nos instruye a confiar en Él. A menudo vemos que la guía de Dios no incluye la obra finalizada y que muchos detalles son desconocidos. La Palabra nos dice que Dios desea que confiemos y dependamos de Él durante el proceso. A Abraham se le ordenó dejar su país sin conocer el destino específico antes de tiempo. Al pueblo de Dios se le pidió caminar en aguas furiosas sin garantía de que Dios las partiría. A María y Marta se las desafió a confiar cuando Jesús mandó a quitar la piedra de la tumba de su hermano muerto. Evalúa tu corazón y motivos hoy. ¿En qué medida el estrés y las preocupaciones intentan estar en control? Hoy trata de poner tu confianza en Él una vez más. Aquí hay un par de consejos: Reconoce tu lucha ante Él y declara que quieres confiar en Él. Detén los pensamientos negativos antes de que pasen 30 segundos en tu mente y reemplázalos por pensamientos saludables. Muchos científicos creen que podemos crear vías nerviosas nuevas si cambiamos nuestros pensamientos, ya que cambian los patrones de pensamientos negativos. El apóstol Pablo habló de llevar nuestros pensamientos cautivos en segunda de Corintios, capítulo diez, versículo cinco. Irónicamente, uno de los primeros pasos para entregar el control de tu vida quizás sea ganar el control de tus pensamientos.

En una ocasión mi mentor me estaba ayudando a procesar algunas preocupaciones. Mientras hablaba sobre los miedos más grandes que tengo, tenía una esperanza secreta: quería que me asegurara que probablemente jamás sucederían esas cosas. Sin embargo, me respondió algo más poderoso y perdurable. Me dijo: "Te he visto enfrentar muchos desafíos y he visto a Dios darte fuerzas durante muchas pruebas. Confío en que si esto termina convirtiéndose en uno de tus grandes miedos, Él lo hará otra vez. Lo superarás por su maravillosa fuerza y poder". Algo hizo clic en mí: eso coincidía con el mandamiento de Jesús en Mateo 6:34. En este versículo, Jesús dice que no debemos preocuparnos por cosas del futuro. Las preocupaciones del hoy son suficientes para hoy. De manera similar, el autor de Hebreos dice que Dios nos dará la gracia y el auxilio en el momento que más lo necesitemos. Cuando permito que algunos temas me provoquen ansiedad, es como si peleara solo la batalla. Su fuerza y poder están a mi alcance cuando los necesito. Lo he visto darme paz, fortaleza y auxilio tantas veces en mi vida cuando lo he necesitado. Pero su Palabra no me promete fuerza y auxilio antes de que lo necesite. Puede que esté enfrentando las noticias de un diagnóstico no favorable y todos los desafíos de salud que vienen con ello, pero hasta que de verdad no lo esté enfrentando, no tendré su fuerza y auxilio para ese tema o crisis en particular. Ese recordatorio me ha ayudado a renunciar a miedos y a confiar sin importar lo que suceda. Él es poderoso para salvarme…cuando necesite que me salve.

Un inusual avistamiento del E-4B Nightwatch, la aeronave estratégica conocida como el “avión del fin del mundo”, ha causado revuelo en redes sociales y entre especialistas en aviación, luego de que fuera visto públicamente tras más de 50 años sin registros similares, según reportes y testimonios. Este avión, basado en el clásico Boeing 747 y desarrollado por Boeing, opera como centro de comando aéreo del gobierno de Estados Unidos en situaciones extremas, incluyendo emergencias nucleares, conflictos de gran escala o crisis nacionales. El E-4B está diseñado para mantener operativas las comunicaciones y la cadena de mando incluso en los escenarios más críticos. Cuenta con sistemas de comunicación altamente protegidos, capacidad de reabastecimiento en vuelo y blindaje especial contra pulsos electromagnéticos, lo que le permite operar de manera autónoma durante largos periodos. Su misión principal es garantizar la continuidad del gobierno y la seguridad nacional desde el aire, razón por la cual su operación suele mantenerse bajo estricta reserva. La reciente aparición pública del Nightwatch ha despertado especulación y curiosidad a nivel internacional, aunque autoridades no han emitido comentarios oficiales sobre el motivo del vuelo. Expertos señalan que este tipo de movimientos suelen estar ligados a entrenamientos estratégicos o actualizaciones operativas. Aun así, el avistamiento ha servido para recordar la existencia de una de las aeronaves más enigmáticas y simbólicas del poder militar moderno, cuyo solo paso por los cielos no pasa desapercibido.

La autenticidad es un valor importante para mí. Muchas veces me resulta difícil tener pensamientos o comentarios positivos cuando simplemente no coinciden con mis sentimientos. Por ejemplo, si mis síntomas indican que tengo gripe, no voy a repetir, "no estoy enferma, no lo estoy, no lo estoy". Sin embargo, un día, mientras escuchaba un mensaje sobre Filipenses 4:8, me di cuenta de que muchas veces no proclamo lo verdadero en mi mente, sino lo "no verdadero". El versículo dice, "concéntrense en todo lo verdadero". Cuando nos concentramos en lo que podría suceder o en lo peor que podría pasar, no estamos meditando en lo verdadero. Cuando me preocupo porque el dolor en mi cabeza es un tumor cancerígeno, no estoy en lo verdadero. ¿Podría tratarse de cáncer o de otra cosa seria? Quizás. Pero hasta que ese sea el caso, no es verdadero. No puedo contarte la cantidad de veces que sentí que experimentaba dolencias, crisis financieras y consecuencias serias a través de los años porque elegía no concentrarme en lo verdadero. La mayoría de las situaciones ni siquiera estuvieron a punto de suceder de verdad. Simplemente rebotaban en mi mente como sencillas posibilidades. Puede que parezca obvio y simple, pero yo encontré un gran alivio al recordarme a mí mismo que debo concentrarme en lo que es, no en lo que podría ser. Mi tarea es enfocarme en lo que se sabe que es verdadero.

En Filipenses 4:6-7, el apóstol Pablo nos desafía a no inquietarnos por nada. En lugar de eso, debemos orar y dar gracias. Es fácil dar gracias a Dios en la cumbre de la victoria o luego de un logro milagroso. Sin embargo, veremos que somos llamados a agradecer también en medio de nuestras luchas. Cuando Pablo escribió esto a la iglesia de Filipos, estaba en la cárcel enfrentando un futuro muy incierto. No obstante, miró más allá de su situación inmediata y no se dejó inquietar por la adversidad que probablemente enfrentaría. Sus cartas reflejan una alegría profunda y una actitud de regocijo. Tan solo dos versículos antes de llamarnos a vocalizar nuestra gratitud, nos manda a alegrarnos siempre. Ya que "siempre" debemos alegrarnos, nuestra alegría debe ser incesante o habitual. Luego, para hacernos entender su punto, inmediatamente repite el mandato, "Insisto: ¡Alégrense!". Pablo nos muestra que aun en medio del dolor, podemos elegir alegrarnos y alabar a Dios. No creo que Pablo nos esté pidiendo que mostremos gratitud no sincera. Creo que nos está desafiando a dar gracias cuando debamos hacerlo, incluso en medio de la lucha que estemos atravesando. He descubierto que siempre hay algo para celebrar. Aun al enfrentar la prueba más difícil, siempre ha habido cosas por las que estoy agradecido. Cuando medito en ello y expreso mi gratitud a Dios, me resulta más fácil transformar mi perspectiva y recalibrar mi mente. La sobrecarga de pensamientos negativos estresantes pueden crear un sentido general de ruina inminente. En cambio, cuando elijo expresar mi gratitud a Dios en lugar de enfocarme en un sentimiento negativo, experimento que las cargas comienzan a alivianarse.



