
La historia comienza ubicando al lector en una aldea, Betania, donde viven dos hermanas, Marta y María. El núcleo familiar constituido por María, Marta y Lázaro, era visitado por Jesús con frecuencia. Toda vez que visitaba Betania, se detenía en la casa de ellos, ya que les unían grandes lazos de amistad. El autor del libro recuerda a los lectores que María en una ocasión anterior había derramado un perfume muy costoso sobre el Señor y lavado sus pies con sus cabellos. Esta mención es un ejemplo de que toda acción positiva que hacemos, cada día, está siempre presente en la mente de Dios. Nuestro Padre celestial no se olvida del bien que hacemos y a su tiempo cosecharemos el fruto de nuestras acciones, sea en este siglo o en el venidero.
Lázaro enferma y las hermanas envían un mensajero al Señor para notificarle de la enfermedad de su hermano, en especial, porque saben que él ama mucho a Lázaro. En este pasaje la palabra griega corresponde al amor filial, al amor que existe entre los miembros de una familia. En otras palabras le estaban diciendo, Lázaro, al que amas como a un hermano, ha enfermado y se ve muy mal.
Oyéndolo Jesús, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella. Y amaba Jesús a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando oyó, pues, que estaba enfermo, se quedó dos días más en el lugar donde estaba. (versos 4-6)
Cuando los mensajeros traen la noticia a Jesús, él inmediatamente les indica que esta situación difícil que atraviesa Lázaro no es para muerte. Es una situación donde Jesús mostrará que es el Hijo de Dios y a través de ello dará gloria a su Padre. El autor vuelve a indicar que Jesús amaba a todos los miembros de esta pequeña familia. No importa cuan pequeños seamos, Jesús nos ama. El Señor no se puso ansioso, no se desesperó ni angustió. Al contrario, confiado en que tenía control sobre la situación, se quedó dos días más en el lugar donde estaba. ¿Qué desilusión para los mensajeros? Posiblemente, ellos esperaban que Jesús saliera corriendo para la casa de Lázaro, sin embargo, decidió quedarse dos días más donde estaba. Son muchas las instancias donde lo que esperamos que Dios haga no es lo que él entiende que debe hacer; puesto que no es lo mejor. Hay situaciones que nos producen mucha tristeza y quizás angustia, sin embargo son para la gloria de Dios. Tenemos que aprender a confiar en que Dios tiene cuidado de nosotros y que a su debido tiempo intervendrá y proveerá para resolver la situación difícil en la que nos encontremos.
Dicho esto, les dijo después: Nuestro amigo Lázaro duerme; mas voy para despertarle. Dijeron entonces sus discípulos: Señor, si duerme, sanará. Pero Jesús decía esto de la muerte de Lázaro; y ellos pensaron que hablaba del reposar del sueño. Entonces Jesús les dijo claramente: Lázaro ha muerto; y me alegro por vosotros, de no haber estado allí, para que creáis; mas vamos a él. (versos 11-15).
Pasados los dos días, Jesús decide ir a la casa de Lázaro. En este momento ya Lázaro ha muerto y Jesús dice a los apóstoles que va a despertarlo. En este contexto Jesús no se refiere al sueño sino a la muerte física; donde el alma se separa del cuerpo físico. Jesús dice a los apóstoles que se alegra por ellos, de no haber estado cuando Lázaro convalecía. ¿En que sentido se alegra por ellos? Si hubiese estado allí, lo habría sanado y Lázaro no habría muerto. Este milagro de sanidad no les habría impactado mucho puesto que sería uno más de los que ya había realizado. Sin embargo, levantarlo de su tumba, cuatro días después de muerto, haría un huella inolvidable en la vida de los que presenciaron el evento y en especial en la vida de los discípulos. ¿Quién es este que ni aún la muerte lo puede detener? La resurrección de Lázaro sería un evento que solidificaría la fe de los apóstoles; evento que apuntaría hacia la realidad de que Jesús es el Hijo de Dios.
Vino, pues, Jesús, y halló que hacía ya cuatro días que Lázaro estaba en el sepulcro. Betania estaba cerca de Jerusalén, como a quince estadios; y muchos de los judíos habían venido a Marta y a María, para consolarlas por su hermano. Entonces Marta, cuando oyó que Jesús venía, salió a encontrarle; pero María se quedó en casa. Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto. Mas también sé ahora que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará. (versos 17-22)
La casa estaba llena de gente puesto que todos amaban mucho a esta familia. Marta sale al encuentro del Maestro y le dice “Señor si hubieras estado aquí mi hermano no habría muerto.” Posiblemente, algunas personas pensaron que había llegado muy tarde. El cuerpo de Lázaro había iniciado su proceso de descomposición. Pero, ¿llegó tarde el Señor? La respuesta es simple y sencilla, no. Él estuvo y estaba con la familia en todo el proceso de la enfermedad y muerte de Lázaro. Por esta razón, cuando le fueron a dar la noticia, el dijo, “No es de muerte sino para la gloria de Dios”. ¿Cuántas veces hemos llegado a pensar que no está? Sin embargo, nos está guiando paso a paso. Marta reconoce que si Jesús hubiese estado presente físicamente, Lázaro no habría muerto. Luego declara con toda seguridad “pero aún así estoy convencida de que todo lo que le pidas a Dios te será concedido”. Que convicción profunda tiene esta mujer.
Jesús le dijo: Tu hermano resucitará. Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero. Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto? Le dijo: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo. (versos 23-27)
En Juan 5:29, el apóstol indica que hay dos resurrecciones; “los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida (primera resurrección); mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación (segunda resurrección)”. La primera resurrección comienza en el rapto de la iglesia y termina al final de la gran tribulación. La segunda resurrección ocurre al final del milenio, donde los que no creyeron a la verdad, serán separados de Dios por toda la eternidad. Jesús dice a Marta, no me refiero a la primera resurrección, me refiero a que “Yo soy la vida” y por tanto, él resucitará ahora, porque así lo deseo. Ningún ser humano ha dicho cosa semejante, sólo el Hijo de Dios tiene autoridad para hacerlo. Varios escritores, entre ellos C.S. Lewis, han señalado que para hacer declaraciones como la anterior, y de hecho hizo muchas de este tipo; Jesús tenía que ser el Hijo de Dios, de lo contrario, sería un mentiroso, un manipulador y por consiguiente un mal maestro. Sin embargo, su nacimiento sobrenatural, su ejecutoria perfecta durante sus 33 años de vida y su resurrección de entre los muertos indica que él es en verdad el Hijo de Dios. Luego el Señor hace una promesa para nosotros “todo el que vive y cree en mí, no morirá eternamente.” Esta es la promesa de vida eterna que Dios nos ha hecho. Jesús le pregunta ¿lo crees? Y ella le contesta, sí tú eres el Hijo de Dios.
Jesús todavía no había entrado en la aldea, sino que estaba en el lugar donde Marta le había encontrado. Entonces los judíos que estaban en casa con ella y la consolaban, cuando vieron que María se había levantado de prisa y había salido, la siguieron, diciendo: Va al sepulcro a llorar allí. María, cuando llegó a donde estaba Jesús, al verle, se postró a sus pies, diciéndole: Señor, si hubieses estado aquí, no habría muerto mi hermano. Jesús entonces, al verla llorando, y a los judíos que la acompañaban, también llorando, se estremeció en espíritu y se conmovió, y dijo: ¿Dónde le pusisteis? Le dijeron: Señor, ven y ve. Jesús lloró. Dijeron entonces los judíos: Mirad cómo le amaba. (versos 30-36)
Marta avisa a María, y ésta fue a ver al Maestro que todavía no había entrado a la aldea. Y cuando llegó a donde estaba se arrodilló llorando y dijo “Señor si hubieras estado aquí mi hermano no habría muerto.” Ambas, Marta y María estaban convencidas de que si Jesús hubiese estado con ellos, Lázaro no habría muerto. Esta familia estaba convencida de que Jesús sanaba a los enfermos, no importa cuán compleja fuera la enfermedad. Cuando Jesús vio llorando a María, junto a los judíos que vinieron con ella, que también lloraban, se conmovió profundamente en el espíritu, se entristeció y lloró. Las lágrimas de Jesús fueron reconocidas como fruto del amor que tenía por la familia y por Lázaro. El Maestro ama a sus discípulos y se entristece cuando los ve sufrir como en esta ocasión.
Y algunos de ellos dijeron: ¿No podía éste, que abrió los ojos al ciego, haber hecho también que Lázaro no muriera? Jesús, profundamente conmovido otra vez, vino al sepulcro. Era una cueva, y tenía una piedra puesta encima. Dijo Jesús: Quitad la piedra. Marta, la hermana del que había muerto, le dijo: Señor, hiede ya, porque es de cuatro días. Jesús le dijo: ¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios? Entonces quitaron la piedra de donde había sido puesto el muerto. Y Jesús, alzando los ojos a lo alto, dijo: Padre, gracias te doy por haberme oído. Yo sabía que siempre me oyes; pero lo dije por causa de la multitud que está alrededor, para que crean que tú me has enviado. Y habiendo dicho esto, clamó a gran voz: ¡Lázaro, ven fuera! Y el que había muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: Desatadle, y dejadle ir. Entonces muchos de los judíos que habían venido para acompañar a María, y vieron lo que hizo Jesús, creyeron en él. (versos 37-46)
La gente decía ¿No podía éste, que abrió los ojos del ciego, haber evitado también que Lázaro muriera? Claro que sí, esa fue la posición que sostuvieron Marta y María. Jesús dijo: Quitad la piedra. Marta, hermana del que había muerto, le dijo: Señor, ya hiede, porque hace cuatro días que murió. Esta declaración se puede interpretar como que en el momento de la verdad, Marta tuvo duda. Jesús le dijo: ¿No te dije que si crees, verás la gloria de Dios? Jesús no la trata con reproches, por el contrario, le recuerda lo que ya le había dicho, si crees en mí verás la gloria de Dios. Jesús alzó los ojos a lo alto, y dijo: Padre, te doy gracias porque me has oído. Yo sabía que siempre me oyes; pero lo dije por causa de la multitud que me rodea, para que crean que tú me has enviado. Jesús no tenía que decir nada, sólo tenía que ordenar; Lázaro ven fuera. Sin embargo, conociendo la debilidad de los presentes, habló al Padre para recordarles que fue él quién lo envió y por consiguiente, siempre lo escucha y apoya.
Jesús siempre llega en el momento adecuado para edificar y aumentar la fe, no de unos cuántos, sino la de muchos. “Entonces muchos de los judíos que habían venido para acompañar a María, y vieron lo que hizo Jesús, creyeron en él.”

Pero los que esperan en el Señor renovarán sus fuerzas. Levantarán alas como las águilas; correrán y no se cansarán, caminarán y no se cansarán. — Isaías 40:31 (NVI) Colocar: No podemos pasar mucho tiempo en la vida sin enfrentarnos a dificultades. Los valles son mucho más comunes que las cimas. El día que gané una pequeña beca para practicar deportes universitarios me sentí como en la cima de una montaña. El día que me rompí el ligamento cruzado anterior me sentí como en un valle profundo. Dios parecía distante en ese momento, y anhelaba volver a la cima donde todo parecía más fácil. Pero el valle es donde crece el fruto. El valle es donde se construye la confianza. El valle es donde Dios nos fortalece. El valle nos protege de la exposición excesiva. Nos obliga a reducir la velocidad, a escuchar, a depender de Dios. En el valle, no podemos ver el siguiente paso; debemos confiar en que Jesús nos guiará en cada curva. “Aunque ande por el valle más oscuro, no temeré mal alguno, porque tú estás conmigo; tu vara y tu cayado me infunden aliento.” — Salmo 23:4 (NVI) Nos enfrentaremos a situaciones difíciles. Algunos días se sienten abrumados. Como atletas, aprendemos a perseverar entrenando. Como seguidores de Jesús, aprendemos a perseverar confiando en sus promesas. “Y mi Dios les proveerá de todo lo que les falta conforme a las riquezas de su gloria en Cristo Jesús.” — Filipenses 4:19 (NVI) Él está con nosotros en el valle. Él es nuestro consuelo. Él proveerá todo lo que necesitamos. A veces nos presentamos a practicar cuando no tenemos ganas. A veces nos presentamos a pasar tiempo con Jesús cuando no tenemos ganas. Pero el fruto está creciendo, incluso cuando aún no lo vemos. Así es como enfrentamos nuestras dificultades. Así es como nos fortalecemos. Ir: ¿A qué o a quién recurres cuando estás en un valle? ¿A quién deberías recurrir? • ¿A qué promesas de Dios puedes aferrarte cuando la lucha se siente pesada? Con el tiempo: Querido Jesús, conoces mis luchas. Conoces las dudas y la tristeza que llevo. Recuérdame tu bondad en los valles. Ayúdame a confiar en que mis luchas no son eternas y que la esperanza está en ti. Gracias por estar siempre conmigo, amarme y abrirme camino. Fortalece mi fe incluso cuando lucho. En tu precioso nombre, amén. La verdad para llevar: Nuestra fe se demuestra cuando nos presentamos incluso cuando no tenemos ganas, porque Dios siempre aparece para ayudarnos.

La música cristiana vive uno de sus momentos más fuertes en la industria musical. Reportes recientes indican que el género Christian/Gospel es uno de los que más está creciendo en Estados Unidos, superando incluso el crecimiento de otros estilos populares. En 2025, por ejemplo, el consumo de música cristiana aumentó 18.5% en reproducciones bajo demanda, convirtiéndose en uno de los géneros con mayor crecimiento en el país. Además, las plataformas de streaming han mostrado un crecimiento constante del género. En los últimos cinco años, las reproducciones de música cristiana han aumentado más del 60% a nivel global, reflejando un renovado interés por canciones con mensajes de fe, esperanza y propósito. Este crecimiento también se está reflejando en las listas musicales. Artistas cristianos como Brandon Lake, Forrest Frank y Elevation Worship han logrado entrar en rankings importantes y alcanzar millones de reproducciones, algo que hace algunos años era poco común para la música de adoración. Expertos señalan que parte del fenómeno se debe a que las nuevas generaciones están buscando música con mensajes más auténticos y espirituales, especialmente en un mundo lleno de incertidumbre. La combinación de redes sociales, streaming y letras más honestas ha permitido que la música cristiana llegue a audiencias que antes no consumían este tipo de contenido. Hoy en día, la música cristiana ya no es solo un género de nicho: se está convirtiendo en una voz importante dentro de la cultura musical, llevando mensajes de fe y esperanza a millones de personas en todo el mundo.

Jesús le respondió: «Ahora no te das cuenta de lo que hago, pero más tarde lo entenderás». — Juan 13:7 (NVI) Colocar: A menudo olvidamos que creer en Jesús conlleva desafíos. La fe pone a prueba la paciencia, la confianza y la serenidad. Revela en qué confiamos. Aprendí esto a las malas. Estaba en una situación en la que me sentía completamente fuera de control. Lo único que me quedaba por hacer era orar: entregarle todo a Dios. No entendí por qué me pasó algo tan difícil en ese momento. Pero Dios lo usó para guiarme de vuelta hacia Él. Después de rendirme, todo quedó claro: por qué no me dejó aprovechar esa oportunidad. Por qué no metió ese tiro. Por qué la lesión me obligó a quedarme fuera. Dios permite las pruebas porque nos prepara, nos protege o nos redirige. Todo se alinea con su propósito, incluso cuando no lo entendemos. Ir: •¿Con qué estás luchando hoy? • ¿Por qué desafíos pasados puedes agradecer ahora a Dios? Con el tiempo: Padre Celestial, lléname de valor y esperanza. Gracias por estar a mi lado incluso cuando me alejé. Ayúdame a buscarte primero y a confiar en tu propósito. En el nombre de Jesús, amén. La verdad para llevar: La fe se demuestra en la rendición al tiempo de Dios.

El amor es paciente, es bondadoso. No tiene envidia, no se jacta, no es orgulloso. No deshonra a los demás, no busca su propio beneficio, no se enoja fácilmente...” — 1 Corintios 13:4-6 (NVI) Las relaciones pueden ser complicadas: amistades, familia, citas. Todos queremos ser amados, pero a veces olvidamos cómo amar a los demás como Dios nos llama a hacerlo. Es fácil amar cuando las cosas salen como queremos. Pero el amor verdadero surge cuando alguien nos decepciona. El amor verdadero perdona. El amor verdadero dice la verdad. El amor verdadero elige la gracia. 1 Corintios 13:4-6 nos muestra qué es el amor y qué no lo es. El amor no es celoso, egoísta, grosero ni se enoja fácilmente. El amor no recuerda el pasado. El amor no celebra los errores. En cambio, el amor es paciente, bondadoso, veraz y lleno de gracia. A menudo buscamos la perfección en nuestras relaciones, pero solo Dios es perfecto. La única manera de construir relaciones sanas es amar como Jesús. Ir: • ¿Qué parte de 1 Corintios 13:4–6 es más difícil para usted en este momento? • ¿Cómo cambiarían tus relaciones si amaras a los demás como Dios te ama? Con el tiempo: Padre, dame humildad y bondad para amar a los demás como tú me amas. Ayúdame a ser paciente, lento para la ira y lleno de gracia. Que tu amor brille a través de mí. En el nombre de Jesús, amén. La verdad para llevar: Las relaciones saludables se demuestran al elegir amar como Jesús.

“Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras, no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino animándonos unos a otros; y tanto más cuanto ven que aquel día se acerca.” — Hebreos 10:24-25 (NVI) Colocar: Las amistades entre mujeres no siempre son fáciles, sobre todo en entornos competitivos. Cada año, mi equipo de animadoras del instituto tenía dificultades con esto. Cada chica llegaba con un bagaje diferente: decepción, inseguridad, celos y presión. Y sin amistad, todo se desmoronó. Sin confianza, se cometieron actos peligrosos. Sin unidad, actuaciones monótonas. Esto es cierto en todos los deportes de equipo... y en la vida. El autor de Hebreos nos dice que nos consideremos unos a otros, que pensemos más allá de nosotros mismos. Nos llama a estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras. No para provocar drama, sino para animarnos. Cuando nuestro equipo pasó tiempo juntos fuera de los entrenamientos, todo cambió. Nos entendimos mejor. Nos animamos más. La unidad creció. Un poco de ánimo ayuda mucho. Ir: ¿Tienes amigos en quienes realmente puedes confiar? ¿Qué los hace dignos de confianza? • ¿Cómo puedes “estimular” a tus amigos al amor y a las buenas obras? Con el tiempo: Señor, las amistades pueden ser difíciles, pero tú eres fiel. Ayúdame a animar a otros y a rodearme de amigos que hagan lo mismo. Sana las heridas del pasado y cultiva la unidad. En el nombre de Jesús, amén. La verdad para llevar: La amistad crece donde crece el estímulo.

“Mejor es ser paciente que ser guerrero, y tener dominio propio que conquistar una ciudad.” — Proverbios 16:32 (NVI) Colocar: ¿Alguna vez te has ido de una competición devastado? Yo he pasado por eso. Mis dos primeros años nadando en la Universidad de Louisville fueron una decepción tras otra. Entrené duro, lo di todo, pero los resultados no se vieron. Sentí que estaba decepcionando a mi equipo. Pero Dios estaba obrando tras bastidores. En mi tercer año, ocurrió algo inesperado: mis compañeros me eligieron capitán, no por ser el más rápido, sino por mi fidelidad, constancia y motivación. Ese momento me recordó: mi valor no estaba ligado al rendimiento, sino al propósito. Proverbios 16:32 me impactó profundamente. No estaba tocando la pared primero, pero estaba aprendiendo paciencia, perseverancia y liderazgo. Dios usó esos años de fracaso para refinarme. El impacto no siempre proviene de la victoria, sino de la fidelidad. Ir: • ¿Está usted definiendo el éxito por el logro atlético o el impacto espiritual? • ¿En qué áreas de tu vida necesitas un mayor equilibrio? Con el tiempo: Dios, gracias por recordarme que el éxito se encuentra en la fidelidad. Ayúdame a encontrar el equilibrio entre la búsqueda de la excelencia y el descanso en tu gracia. En el nombre de Jesús, amén. La verdad para llevar: Dios valora la fidelidad por encima del rendimiento.

Este 28 de febrero se podrá observar una impresionante alineación de planetas, también conocida como “desfile planetario”, donde Venus, Marte, Júpiter y Saturno aparecerán formando una línea aparente en el cielo; el mejor momento para verla será aproximadamente entre las 6:30 p.m. y 9:00 p.m., justo después del atardecer, mirando hacia el horizonte oeste, aunque también podría apreciarse antes del amanecer dependiendo de la posición de los planetas y las condiciones del clima en tu ciudad; este fenómeno ocurre porque los planetas orbitan en el mismo plano llamado eclíptica y, aunque no están perfectamente alineados en el espacio, desde la Tierra parecen estar en fila, siendo un evento que no ocurre todos los años con buena visibilidad y que podría repetirse en unos 2 a 4 años, mientras que una alineación más amplia puede tardar más de una década en volver a presentarse.

Mejores son dos que uno, porque obtienen una buena recompensa por su trabajo: si uno cae, el otro puede levantar al otro. Pero ten piedad del que cae y no tiene quien lo levante. — Eclesiastés 4:9-10 (NVI) Colocar: ¿Alguna vez te has lesionado? ¿O has visto a un compañero lesionarse? Es duro. En mi segundo año, me rompí el ligamento cruzado anterior delante de mi entrenador y de toda la banca. Lo primero que noté fue cómo mis compañeros se levantaron para ayudarme. Entonces mi papá corrió al campo y me cargó. A menudo me pregunto cómo habría sido si hubiera estado sola: sin nadie que me cargara, sin nadie que me hiciera reír entre lágrimas, sin nadie que rezara conmigo antes de la cirugía. Dios nunca nos creó para estar solos. Fuimos creados para la comunidad. Como atletas en Cristo, debemos apoyarnos mutuamente, servirnos y ser compasivos, especialmente con quienes aún no lo conocen. Podemos atraerlos a nuestra comunidad y guiarlos hacia Jesús. Ir: • ¿Quién en tu vida necesita a Cristo para superar una temporada difícil? • ¿Cómo sería tu vida sin las personas que te ayudaron cuando te caíste? Con el tiempo: Señor, gracias por el don de la comunidad. Ayúdanos a fortalecernos mutuamente mientras competimos por Cristo. Que todo lo que hagamos te glorifique. En el nombre de Jesús, amén. La verdad para llevar: Dios nos diseñó para la comunidad, no para el aislamiento.

“¿Acaso busco ahora la aprobación de los hombres o la de Dios? ¿O trato de agradar a la gente? Si todavía tratara de agradar a la gente, no sería siervo de Cristo.” — Gálatas 1:10 (NVI) En el deporte, la presión por el rendimiento es real. Los atletas a menudo sienten el peso de demostrar su valía: ganarse un puesto como titulares, impresionar a los entrenadores, silenciar a las críticas. Es fácil caer en la trampa del rendimiento, creyendo que tu valor se mide por las estadísticas, el tiempo de juego o la aprobación. Pero aquí está la verdad: no tienes que probar lo que Dios ya ha declarado. Pablo nos recuerda en Gálatas 1:10 que vivir para Dios significa dejar atrás la necesidad de aplausos humanos, incluso de entrenadores. Tu identidad no comienza con el rendimiento; comienza con un propósito. Y ese propósito se basa en ser elegido por Dios. No puedes cumplir el propósito que Dios te dio si buscas la aprobación de los demás. Una cosa siempre anulará a la otra. Sí, honra a tus entrenadores. Trabaja duro. Compite con excelencia. Pero no lo hagas para demostrar tu valía; hazlo porque tu valía ya está asegurada en Cristo. Cuando juegas con libertad, tu motivación cambia. No te esfuerzas por conseguir aprobación. Compites desde la confianza, no desde la inseguridad. Esa libertad lo cambia todo: tu mentalidad, tu juego, tu influencia. Ir: • ¿De quién busco realmente la aprobación cuando compito? • ¿Creo que mi valor está seguro en Cristo, independientemente de mi desempeño? Con el tiempo: Dios, ayúdame a competir con pasión, pero no con presión. Recuérdame que ya soy aprobado en ti. En el nombre de Jesús, amén. La verdad para llevar: No tienes que demostrar tu valor: Jesús ya lo hizo.

El boxeador Ryan García vivió un momento sin precedentes en el deporte antes de subir al ring: se preparó escuchando alabanzas y en medio de adoración, poniendo su fe en el centro de su concentración antes de una pelea profesional. Antes de enfrentarse a Mario Barrios en la T-Mobile Arena de Las Vegas, García fue captado escuchando música de alabanza, orando y cantando junto a un grupo que ministraba en vivo mientras se colocaba las vendas y se enfocaba en su combate. Y el resultado lo dice todo: logró convertirse en campeón mundial del peso medio del WBC, y al recibir su cinturón no dudó en dar toda la gloria a su Señor Jesucristo, declarando públicamente que su fe fue clave en ese triunfo. Un gesto que trasciende el deporte: no solo ganó un título, sino que mostró cómo su fe se convierte en fuerza y propósito dentro y fuera del ring.



