La historia comienza ubicando al lector en una aldea, Betania, donde viven dos hermanas, Marta y María. El núcleo familiar constituido por María, Marta y Lázaro, era visitado por Jesús con frecuencia. Toda vez que visitaba Betania, se detenía en la casa de ellos, ya que les unían grandes lazos de amistad. El autor del libro recuerda a los lectores que María en una ocasión anterior había derramado un perfume muy costoso sobre el Señor y lavado sus pies con sus cabellos. Esta mención es un ejemplo de que toda acción positiva que hacemos, cada día, está siempre presente en la mente de Dios. Nuestro Padre celestial no se olvida del bien que hacemos y a su tiempo cosecharemos el fruto de nuestras acciones, sea en este siglo o en el venidero.

Lázaro enferma y las hermanas envían un mensajero al Señor para notificarle de la enfermedad de su hermano, en especial, porque saben que él ama mucho a Lázaro. En este pasaje la palabra griega corresponde al amor filial, al amor que existe entre los miembros de una familia. En otras palabras le estaban diciendo, Lázaro, al que amas como a un hermano, ha enfermado y se ve muy mal.

Oyéndolo Jesús, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella. Y amaba Jesús a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando oyó, pues, que estaba enfermo, se quedó dos días más en el lugar donde estaba. (versos 4-6)

Cuando los mensajeros traen la noticia a Jesús, él inmediatamente les indica que esta situación difícil que atraviesa Lázaro no es para muerte. Es una situación donde Jesús mostrará que es el Hijo de Dios y a través de ello dará gloria a su Padre. El autor vuelve a indicar que Jesús amaba a todos los miembros de esta pequeña familia. No importa cuan pequeños seamos, Jesús nos ama. El Señor no se puso ansioso, no se desesperó ni angustió. Al contrario, confiado en que tenía control sobre la situación, se quedó dos días más en el lugar donde estaba. ¿Qué desilusión para los mensajeros? Posiblemente, ellos esperaban que Jesús saliera corriendo para la casa de Lázaro, sin embargo, decidió quedarse dos días más donde estaba. Son muchas las instancias donde lo que esperamos que Dios haga no es lo que él entiende que debe hacer; puesto que no es lo mejor. Hay situaciones que nos producen mucha tristeza y quizás angustia, sin embargo son para la gloria de Dios. Tenemos que aprender a confiar en que Dios tiene cuidado de nosotros y que a su debido tiempo intervendrá y proveerá para resolver la situación difícil en la que nos encontremos.

Dicho esto, les dijo después: Nuestro amigo Lázaro duerme; mas voy para despertarle. Dijeron entonces sus discípulos: Señor, si duerme, sanará. Pero Jesús decía esto de la muerte de Lázaro; y ellos pensaron que hablaba del reposar del sueño. Entonces Jesús les dijo claramente: Lázaro ha muerto; y me alegro por vosotros, de no haber estado allí, para que creáis; mas vamos a él. (versos 11-15).

Pasados los dos días, Jesús decide ir a la casa de Lázaro. En este momento ya Lázaro ha muerto y Jesús dice a los apóstoles que va a despertarlo. En este contexto Jesús no se refiere al sueño sino a la muerte física; donde el alma se separa del cuerpo físico. Jesús dice a los apóstoles que se alegra por ellos, de no haber estado cuando Lázaro convalecía. ¿En que sentido se alegra por ellos? Si hubiese estado allí, lo habría sanado y Lázaro no habría muerto. Este milagro de sanidad no les habría impactado mucho puesto que sería uno más de los que ya había realizado. Sin embargo, levantarlo de su tumba, cuatro días después de muerto, haría un huella inolvidable en la vida de los que presenciaron el evento y en especial en la vida de los discípulos. ¿Quién es este que ni aún la muerte lo puede detener? La resurrección de Lázaro sería un evento que solidificaría la fe de los apóstoles; evento que apuntaría hacia la realidad de que Jesús es el Hijo de Dios.

Vino, pues, Jesús, y halló que hacía ya cuatro días que Lázaro estaba en el sepulcro. Betania estaba cerca de Jerusalén, como a quince estadios; y muchos de los judíos habían venido a Marta y a María, para consolarlas por su hermano. Entonces Marta, cuando oyó que Jesús venía, salió a encontrarle; pero María se quedó en casa. Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto. Mas también sé ahora que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará. (versos 17-22)

La casa estaba llena de gente puesto que todos amaban mucho a esta familia. Marta sale al encuentro del Maestro y le dice “Señor si hubieras estado aquí mi hermano no habría muerto.” Posiblemente, algunas personas pensaron que había llegado muy tarde. El cuerpo de Lázaro había iniciado su proceso de descomposición. Pero, ¿llegó tarde el Señor? La respuesta es simple y sencilla, no. Él estuvo y estaba con la familia en todo el proceso de la enfermedad y muerte de Lázaro. Por esta razón, cuando le fueron a dar la noticia, el dijo, “No es de muerte sino para la gloria de Dios”. ¿Cuántas veces hemos llegado a pensar que no está? Sin embargo, nos está guiando paso a paso. Marta reconoce que si Jesús hubiese estado presente físicamente, Lázaro no habría muerto. Luego declara con toda seguridad “pero aún así estoy convencida de que todo lo que le pidas a Dios te será concedido”. Que convicción profunda tiene esta mujer.

Jesús le dijo: Tu hermano resucitará. Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero. Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto? Le dijo: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo. (versos 23-27)

En Juan 5:29, el apóstol indica que hay dos resurrecciones; “los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida (primera resurrección); mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación (segunda resurrección)”. La primera resurrección comienza en el rapto de la iglesia y termina al final de la gran tribulación. La segunda resurrección ocurre al final del milenio, donde los que no creyeron a la verdad, serán separados de Dios por toda la eternidad. Jesús dice a Marta, no me refiero a la primera resurrección, me refiero a que “Yo soy la vida” y por tanto, él resucitará ahora, porque así lo deseo. Ningún ser humano ha dicho cosa semejante, sólo el Hijo de Dios tiene autoridad para hacerlo. Varios escritores, entre ellos C.S. Lewis, han señalado que para hacer declaraciones como la anterior, y de hecho hizo muchas de este tipo; Jesús tenía que ser el Hijo de Dios, de lo contrario, sería un mentiroso, un manipulador y por consiguiente un mal maestro. Sin embargo, su nacimiento sobrenatural, su ejecutoria perfecta durante sus 33 años de vida y su resurrección de entre los muertos indica que él es en verdad el Hijo de Dios. Luego el Señor hace una promesa para nosotros “todo el que vive y cree en mí, no morirá eternamente.” Esta es la promesa de vida eterna que Dios nos ha hecho. Jesús le pregunta ¿lo crees? Y ella le contesta, sí tú eres el Hijo de Dios.

Jesús todavía no había entrado en la aldea, sino que estaba en el lugar donde Marta le había encontrado. Entonces los judíos que estaban en casa con ella y la consolaban, cuando vieron que María se había levantado de prisa y había salido, la siguieron, diciendo: Va al sepulcro a llorar allí. María, cuando llegó a donde estaba Jesús, al verle, se postró a sus pies, diciéndole: Señor, si hubieses estado aquí, no habría muerto mi hermano. Jesús entonces, al verla llorando, y a los judíos que la acompañaban, también llorando, se estremeció en espíritu y se conmovió, y dijo: ¿Dónde le pusisteis? Le dijeron: Señor, ven y ve. Jesús lloró. Dijeron entonces los judíos: Mirad cómo le amaba. (versos 30-36)

Marta avisa a María, y ésta fue a ver al Maestro que todavía no había entrado a la aldea. Y cuando llegó a donde estaba se arrodilló llorando y dijo “Señor si hubieras estado aquí mi hermano no habría muerto.” Ambas, Marta y María estaban convencidas de que si Jesús hubiese estado con ellos, Lázaro no habría muerto. Esta familia estaba convencida de que Jesús sanaba a los enfermos, no importa cuán compleja fuera la enfermedad. Cuando Jesús vio llorando a María, junto a los judíos que vinieron con ella, que también lloraban, se conmovió profundamente en el espíritu, se entristeció y lloró. Las lágrimas de Jesús fueron reconocidas como fruto del amor que tenía por la familia y por Lázaro. El Maestro ama a sus discípulos y se entristece cuando los ve sufrir como en esta ocasión.

Y algunos de ellos dijeron: ¿No podía éste, que abrió los ojos al ciego, haber hecho también que Lázaro no muriera? Jesús, profundamente conmovido otra vez, vino al sepulcro. Era una cueva, y tenía una piedra puesta encima. Dijo Jesús: Quitad la piedra. Marta, la hermana del que había muerto, le dijo: Señor, hiede ya, porque es de cuatro días. Jesús le dijo: ¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios? Entonces quitaron la piedra de donde había sido puesto el muerto. Y Jesús, alzando los ojos a lo alto, dijo: Padre, gracias te doy por haberme oído. Yo sabía que siempre me oyes; pero lo dije por causa de la multitud que está alrededor, para que crean que tú me has enviado. Y habiendo dicho esto, clamó a gran voz: ¡Lázaro, ven fuera! Y el que había muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: Desatadle, y dejadle ir. Entonces muchos de los judíos que habían venido para acompañar a María, y vieron lo que hizo Jesús, creyeron en él. (versos 37-46)

La gente decía ¿No podía éste, que abrió los ojos del ciego, haber evitado también que Lázaro muriera? Claro que sí, esa fue la posición que sostuvieron Marta y María. Jesús dijo: Quitad la piedra. Marta, hermana del que había muerto, le dijo: Señor, ya hiede, porque hace cuatro días que murió. Esta declaración se puede interpretar como que en el momento de la verdad, Marta tuvo duda. Jesús le dijo: ¿No te dije que si crees, verás la gloria de Dios? Jesús no la trata con reproches, por el contrario, le recuerda lo que ya le había dicho, si crees en mí verás la gloria de Dios. Jesús alzó los ojos a lo alto, y dijo: Padre, te doy gracias porque me has oído. Yo sabía que siempre me oyes; pero lo dije por causa de la multitud que me rodea, para que crean que tú me has enviado. Jesús no tenía que decir nada, sólo tenía que ordenar; Lázaro ven fuera. Sin embargo, conociendo la debilidad de los presentes, habló al Padre para recordarles que fue él quién lo envió y por consiguiente, siempre lo escucha y apoya.

Jesús siempre llega en el momento adecuado para edificar y aumentar la fe, no de unos cuántos, sino la de muchos. “Entonces muchos de los judíos que habían venido para acompañar a María, y vieron lo que hizo Jesús, creyeron en él.”
28 de noviembre de 2025
Alguna vez te has preguntado: ¿Hasta qué punto debemos expresar nuestra gratitud a Dios?¿Qué nivel de agradecimiento debemos mostrar? La Biblia, como siempre, nos proporciona una metáfora perfecta para responder a estos interrogantes, como se refleja en Jeremías 33:11: "Escucharás sonidos de alegría y risas, las voces jubilosas de novios y novias, acompañadas de cánticos alegres de aquellos que ofrecen sus ofrendas de acción de gracias al Señor. Entonarán: 'Demos gracias al Señor de los ejércitos celestiales, porque el Señor es bueno. ¡Su amor eterno perdura!' Pues yo restauraré la prosperidad de esta tierra a como fue en el pasado, declara el SEÑOR". Es simplemente maravilloso, ¿no lo crees? ¿Cuándo fue la última vez que pudiste comparar la intensidad de tu gratitud a Dios con la pura y desenfrenada alegría que desbordas cuando algún amigo o familiar te invitan a su boda? Por supuesto, mantener ese nivel de entusiasmo no es sencillo. Pero, ¿qué sucedería si pudiéramos, al menos por un momento cada semana, recuperar esa alegría?Imagina simplemente llenar tus pulmones de gratitud hacia Dios y decir: "Dios, gracias por la salvación, por tu amado Hijo Jesucristo, por el Espíritu Santo, por la buena salud, por nuestro país, por nuestras mascotas, por la deliciosa comida, por los emocionantes viajes, por los hijos que llenan de alegría nuestras vidas, por nuestras parejas que nos acompañan en esta travesía, por la invaluable Palabra de Dios, por la sabiduría que nos guía, por el inmenso amor que nos rodea, por las oportunidades que se presentan, por nuestros trabajos y todo lo demás...". ¿Qué cambiaría en nosotros si pudiéramos presionar el botón de reinicio y volver a disfrutar de la maravilla de quién es Dios y lo que ha hecho por nosotros como si fuera la primera vez? Si tan solo pudimos decir: "Gracias, Dios, por tu creación, por plasmarnos a tu imagen, y por hacernos tus amados hijos". ¿Cómo impactaría eso en nuestras vidas? Y, lo más importante, ¿cómo podemos volver a experimentarlo? La Biblia siempre nos deja las puertas abiertas: "Entren por sus puertas con acción de gracias; vengan a sus atrios con himnos de alabanza; den gracias y alaben su nombre. Porque el Señor es bueno, y su amor eterno perdura; su fidelidad permanece para siempre" (Salmo 100:4-5). ¡Medita en esto! Querido amigo/a, espero que este plan devocional haya sido de bendición para tu vida como lo ha sido también para la mía. Estás en nuestras oraciones y deseamos de todo corazón, que Dios siga bendiciendo tu vida. ¡Hasta una próxima oportunidad! Con amor en cristo, Pr.Juan Carlos Calle y equipo Conectar Global
27 de noviembre de 2025
Al mirar hacia atrás, me doy cuenta de que no todas las razones por las que debo dar gracias a Dios son simples. Algunas han sido verdaderamente dolorosas o extremadamente desafiantes. Sin embargo, en medio de la fragilidad de la vida humana, encontramos destellos de Su gloria en nuestra cotidianidad, por los cuales podemos expresar gratitud, como nos recuerda 1 Tesalonicenses 5:18: "Den gracias a Dios en toda situación, porque esta es su voluntad para ustedes en Cristo Jesús". Por ejemplo, es posible admirar un arco iris en medio de una suave llovizna, incluso cuando se reciben malas noticias sobre algún asunto en particular. Asimismo, podemos deleitarnos con un "sol de venados" cuando el sol lentamente se va escondiendo tras las montañas, ya su paso, el firmamento nos va pintando atardeceres coloridos. En ese momento, suspiramos agradecidos, porque todos nuestros asuntos florecen con el favor de Dios. Fácil verdad.¿Quién no se deleita con un hermoso atardecer cuando todo está en armonía? Pero, ¿estar agradecido cuando Dios imparte su justicia? Bueno, eso es otra cosa completamente distinta. Sin embargo debemos estarlo, el Salmo 7:17 nos lo recuerda de la siguiente manera: "Alabaré a Jehová porque es justo; Cantaré alabanzas al nombre del Señor Altísimo". Estar agradecidos por Su justicia significa que en el fondo, también contaremos con Su misericordia, para que Dios allane lo alto, endereza lo torcido y levante lo caído. Lo cual indica que la justicia de Dios es un carril de doble vía. Es fácil estar agradecido con Dios cuando vemos que aquellos que nos han causado daño reciben su merecido castigo. Pero también debemos estarlo, cuando Él haga caer su justicia sobre nosotras vidas cuando la merezcamos por la forma en que hemos sido injustos con otros. El Salmo 1:1-2 es claro al respecto: "Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, Ni estuvo en camino de pecadores, Ni en silla de escarnecedores se ha sentado; Sino que en la ley de Jehová está su deleite , y en su ley medita de día y de noche". ¡Me encanta porque la Biblia es clara al decirnos que nuestra parte es solo meditar en la ley del Señor, no en ser juez o en hacer justicia a nuestra manera! ¿Qué tal tú? ¿Cuándo fue la última vez que fuiste a tu iglesia llena/a de gratitud a Dios? En lugar de ir a pedir algo o en lugar de buscar algo en particular (Tu propia justicia, por ejemplo). No es fácil, ¿verdad? Siempre es bueno al comienzo de cada jornada, incluyendo la jornada festiva o dominical, el día señalado por el Señor para adorarle en comunidad, evalúe nuestras motivaciones, despojarnos de todo lastre que nos estorba y al final con un corazón agradecido y un espíritu sensible. Y poder cumplir nuestro compromiso comunitario de adoración tal y como nos lo recuerda el Salmo 26:6-7: "Con manos limpias e inocentes camino, Señor, en torno a tu altar, proclamando en voz alta tu alabanza y contando todas tus maravillas". ¡Medita en esto!
27 de noviembre de 2025
Desde mi perspectiva personal, no hay nada que le agrade más a Dios que ver un corazón agradecido y obediente. Así como lo oyes, un corazón agradecido por la salvación, agradecido por el perdón de los pecados, agradecido por Su provisión diaria. Agradecido por la vida, los dones, los talentos y las habilidades otorgadas. Agradecido por los amigos, el empleo y la familia. Pero, sobre todo, agradecido por Jesucristo y por la presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas. El agradecimiento, como puedes notar, es algo maravilloso. Aparentemente, parece que fuera algo sencillo, hasta los niños expresan gratitud cuando reciben un dulce o un regalo. Sin embargo, la realidad es que los adultos, o casi todo el mundo, luchan con la realidad de vivir una vida de gratitud y obediencia. No sé si estás de acuerdo, pero creo que la persona con la que más nos cuesta estar agradecidos es, en realidad, la persona con la que deberíamos estar más agradecidos, es decir con Dios. Si no fuera así, textos como el de 1 Crónicas 16:34-36 no habrían sido registrados en la Biblia. Es por esta razón, porque no siempre nos nace ser agradecidos, que el Señor guió a Esdras para recordarnos: "Dad gracias al Señor, porque él es bueno; su gran amor perdura para siempre. Decid: '¡Sálvanos, oh Dios de nuestra ¡salvación! Reúnenos y líbranos de las naciones, para que alabemos tu santo nombre y enaltezcamos tu gloria'. Bendito sea el Señor, el Dios de Israel, ¡por siempre y para siempre!".Y todo el pueblo respondió: "¡Amén!" y "¡Alabado sea el Señor!". Vivir una vida de gratitud tiene que comenzar con Dios. Él es quien nos creó. Nos dio aliento. Nos sostiene ahora.¿Cómo no vamos a estar agradecidos? Entonces, la pregunta que surge es la siguiente: ¿Has considerado alguna vez todas las bendiciones que Dios ha derramado sobre ti? El simple hecho de poder leer esto es motivo suficiente para agradecer. Existen muchas personas que no tienen el privilegio de leer o ver.Somos afortunados. Sin embargo, si somos sinceros, a veces nos enfocamos más en nuestros problemas o en lo que nos falta, en lugar de expresar gratitud a Dios por lo que ya poseemos. Me gustaría compartir contigo algunas reflexiones personales que seguramente te animarán a recordar la bondad y generosidad de Dios en tu vida. Con amor en Cristo, Pastor Juan Carlos Calle y equipo Conectar Global
24 de noviembre de 2025
En este preciso instante, en la presencia de Dios, las huestes celestiales le dan gracias. Reflexionen sobre esto. Al dar gracias, nos unimos al coro de las criaturas de Dios que le cantan. El Apocalipsis descorre el velo entre nuestro mundo y el trono de Dios para que podamos vislumbrar este glorioso espectáculo. Los ángeles, las bestias (que evocan imágenes de los nobles animales del mundo de Narnia de C.S. Lewis) y los veinticuatro ancianos ofrecen a Dios alabanza y acción de gracias. Nuestra gratitud terrenal como pueblo de Dios nos une a la de los ángeles de Dios en el cielo, y juntos damos gracias al Único digno de toda nuestra adoración. Todo esto está sucediendo en este preciso instante. Y todo esto sucederá por la eternidad cuando los cielos desciendan y Dios more con nosotros en una Nueva Tierra. Isaías nos dice que ese día celebraremos un banquete como nunca antes. La cena de Acción de Gracias más elaborada no se compara con el manjar que tendremos ante nosotros, la comunión que nos rodea y la alegría que sentiremos ese día. Tal banquete estará lleno de gratitud, regocijo y adoración. Anhelamos ese día en que el «felices para siempre» deje de ser una tenue esperanza y se convierta en la realidad eterna que viviremos. Juan del Apocalipsis nos ayuda a comprender que la acción de gracias no es una práctica espiritual pasajera. La gratitud no es solo un pequeño resquicio de positividad en nuestras vidas, por lo demás dolorosas, en este mundo caído. La acción de gracias será el centro de todo lo que hagamos por la eternidad. Si eres cristiano, entonces esta visión del futuro te incluye. Eres parte de este pueblo. En algún lugar de la inmensa multitud de resucitados, Juan te ve. Y la gratitud se desborda en alabanzas al Rey. La gratitud llenará tu corazón y la acción de gracias brotará de tus labios para siempre. Damos gracias ahora porque daremos gracias por la eternidad. Practicar la gratitud en el presente nos prepara para el concierto de alabanza sin fin que está por venir. Toda tribu, lengua y nación celebrará junta nuestra redención en Jesús. La gratitud es nuestra vocación futura. Finalmente disfrutaremos de todas las cosas y las recibiremos como dones de Dios. En lugar de abusar de ellas o convertirlas en ídolos, serán bendiciones que nos guiarán de regreso a Dios. Ya sea postrándonos ante su trono o recorriendo la Nueva Tierra, todo nos conducirá a una gratitud centrada en Dios. Espero que esta visión de gratitud en la presencia de Dios ahora mismo, y la gratitud que tendrá lugar en la presencia de Dios en la era venidera, nos impulse a dar gracias aquí y ahora. Aunque aún no lo vemos como lo haremos algún día, lo conocemos. A través de los ojos de la fe, vemos su bondad, su provisión, su fidelidad, su cuidado y su amor hacia nosotros como hijos suyos. Hemos experimentado su misericordia, su gracia y su perdón. La mejor preparación para nuestro futuro es cultivar la gratitud hoy. Nos preparamos para la eternidad dando gracias ahora. Sigue aprendiendo a practicar la gratitud de maneras sencillas y extraordinarias, incluso cuando sientas la tentación de centrarte en lo negativo, consiguiendo un ejemplar de La guía del quejoso para dar gracias .
22 de noviembre de 2025
A menudo pensamos en las disciplinas espirituales en términos individualistas: « Debo leer la Biblia. Debo orar. Debo dar gracias». Otros, en cambio, descuidan sus hábitos personales y solo estudian las Escrituras u oran cuando se reúnen con otros creyentes. Pero ninguno de los dos extremos es saludable. Necesitamos priorizar el buscar conocer a Dios por nuestra cuenta y en compañía de otros. Esto se aplica a la práctica de la acción de gracias, y quizás especialmente. Al dar gracias a Dios juntos, no solo lo exaltamos y fortalecemos nuestra propia fe, sino que también animamos a otros creyentes. En el Salmo 95, el salmista nos invita a dar gracias juntos y unos a otros. No solo meditamos en la Biblia para nuestro crecimiento personal, sino que lo hacemos para exhortarnos mutuamente con las Escrituras, para cantar juntos y para dar gracias juntos. La vida cristiana se vive en comunidad. Es fácil ser piadoso leyendo la Biblia en la intimidad del hogar. Pero ¿cómo mostrar paciencia, gracia, bondad, misericordia y amor sin relacionarnos con los demás? La Biblia está llena de mandamientos sobre el amor mutuo, esenciales para la vida cristiana, y no se pueden cumplir en soledad. No solo nos necesitamos unos a otros para nuestro crecimiento personal, rendir cuentas y animarnos mutuamente, sino que nos necesitamos como comunidad para orar juntos, compartir nuestras cargas, confesar nuestros pecados, meditar y aplicar las Escrituras, y dar gracias juntos. Tanto la gratitud como la queja se propagan porque son prácticas interpersonales. No solo son comunitarias, sino también comunicables . Podemos transmitir un espíritu de gratitud o de queja, ya sea fortaleciendo o debilitando la comunidad. Compartiremos una gratitud que da vida y honra a Dios, o una queja que consume el alma y lo deshonra. No subestimes el poder de influir en los demás con simples palabras y acciones. Al dar gracias, compartir la bondad de Dios, proclamar sus promesas o animar a otros, puedes ser una fuente de bien que les ayude a crecer. O puedes desanimar a los demás con chismes, quejas, desahogando tu descontento o celos, criticando a la gente, viendo y hablando mal de los demás y refunfuñando cuando crees que la vida (o Dios) es injusta. La ingratitud se multiplicó cuando Israel optó por quejarse en lugar de dar gracias a Dios. En vez de tener corazones receptivos a los dones divinos, se endurecieron y se volvieron insensibles hasta el punto de rechazar incluso las bendiciones. Como un incendio forestal devastador, el resentimiento se propaga de persona a persona a través de conversaciones llenas de descontento. La gratitud produce el efecto contrario. Al hablar de la bondad de Dios —sus atributos, su obra en nuestra vida, sus bendiciones, lo que nos enseña o hace en nosotros, y cómo percibimos su presencia— fomentamos una mayor fe y gratitud mutua. La alegría y la adoración se expanden a partir de pequeñas expresiones de gratitud, como las ondas que se forman al caer de una gota en un cubo. Expresa la bondad de Dios. Practica la gratitud juntos. Invita a otros a hacer lo mismo preguntando: "¿Por qué estás agradecido a Dios hoy?".
21 de noviembre de 2025
La mexicana Fátima Bosch, originaria de Tabasco, hizo historia al coronarse Miss Universo 2025 en Bangkok, Tailandia, convirtiéndose en la cuarta mexicana en ganar el certamen. Con solo 25 años, destacó entre más de 100 participantes y su triunfo cobró aún más fuerza tras el incidente viral en el que fue reprendida públicamente por un directivo, lo que generó una ola de apoyo internacional. Al recibir la corona, Bosch emocionó al público con sus palabras finales: “Todo lo que soy y lo que logro se lo debo a Dios; Él abre caminos donde otros ven barreras.” Un mensaje de fe, resiliencia y autenticidad que la posiciona como una reina que trasciende la pasarela y enorgullece a México ante el mundo.
21 de noviembre de 2025
Durante gran parte de mi vida, el Día de Acción de Gracias ha sido una celebración anual. Daba gracias ese día. Es decir, si lo hago con demasiada frecuencia, entonces el Día de Acción de Gracias se reduce solo a pavo y fútbol americano. ¿Verdad? Bueno, no lo diría en voz alta, pero a menudo vivo así al relegar el Día de Acción de Gracias a un segundo plano. La gratitud es para cada día y cada estación. Es una acción (dar gracias) y una disposición (gratitud) para toda la vida. Pero hay días en que no me apetece. Cuando estoy cansado y agotado, la gratitud se esfuma rápidamente. También es cuando más me quejo y protesto. Algunos días es porque me irrito con facilidad, pero otras veces, es simplemente un cansancio que me nubla la mente. La niebla mental me invade y la gratitud me parece una tarea titánica. Sería más fácil decir: «Hoy no. Lo haré otro día». Pero sé que posponer el agradecimiento es como posponerlo. Si lo pospongo hoy, será más fácil no dar gracias mañana. David nos enseña que dar gracias requiere intención. Hay suficientes razones para agradecer a Dios a diario. Pero eso no significa que siempre nos sintamos agradecidos o que siempre nos demos cuenta de estas bendiciones. No dejes que tus sentimientos y experiencias dicten tus decisiones. Guía tus sentimientos recordando a tu corazón las razones para estar agradecido. Como no siempre nos sentimos agradecidos ni deseamos dar las gracias, la intencionalidad es fundamental. Reeducamos nuestros corazones. Una vida de quejas no desaparece de inmediato, pero al comprometernos con prácticas diarias de agradecimiento, la gratitud va disminuyendo nuestra tendencia a quejarnos. Con el tiempo, practicar el agradecimiento se convierte en un hábito que nos lleva a cultivar una actitud de gratitud en lugar de quejarnos. Pero recuerda, comenzamos como David al elegir dar gracias cada día. Si convertirte en una persona agradecida te parece algo muy difícil, simplemente empieza dando gracias hoy, mañana y pasado mañana. Propónte hacerlo a diario. No te desanimes si al principio te resulta difícil. Como en cualquier entrenamiento, empezar y mantenerlo desde el principio es lo más complicado. Antes de continuar con tus actividades diarias, reflexiona sobre dos cosas. Primero, ¿cuáles son cinco razones por las que puedes agradecer a Dios ahora mismo? Y segundo, ¿cómo sería para ti incorporar el hábito de dar gracias a tu rutina diaria? No existe una única forma de celebrar el Día de Acción de Gracias, así que elige lo que mejor te funcione. Lo importante es ser intencional. Cultiva la gratitud hacia Dios practicando el agradecimiento cada día.
20 de noviembre de 2025
La gratitud en la Biblia se refiere tanto a la cima de la montaña iluminada por el sol como al valle profundo y oscuro. No esperamos a que nuestra fe sea tan fuerte que la gratitud se desborde. Practicamos la gratitud porque es parte de cómo fijamos nuestra mirada en Dios y cultivamos la fe en Él. La gratitud contrarresta la presión constante de la preocupación, el miedo y la ansiedad. Los Salmos resultan especialmente útiles para comprender la gratitud como un arma contra la angustia. Debido a su carácter poético, a veces imaginamos que fueron compuestos en la tranquilidad de una cabaña en el bosque. Sin embargo, los salmistas escribieron muchos de sus versos en medio del peligro, las pruebas y el sufrimiento. David compuso varios salmos mientras estaba en el desierto, huyendo y escondiéndose de sus enemigos, abandonado, traicionado, hambriento, sediento y cansado. Los Salmos en el desierto se forjaron en la adversidad, no en un retiro espiritual. Cuando la vida de David se llena de preocupaciones, al mirar a su alrededor, alza la vista con gratitud. A continuación, se presentan tres de las muchas maneras en que podemos imitar la actitud de gratitud de David: Podemos ser… 1. Agradecidos de que Él es fiel (105:1-6) Una de las maneras en que David da gracias es recordando las obras de Dios. Rememora la fidelidad divina. Esto le ayuda a saber que Dios puede y lo librará de nuevo. Puede afrontar el presente y el futuro porque agradece la provisión, el poder y la presencia de Dios en el pasado. 2. Agradecidos de que Él escucha (28:6-7) David a veces le da gracias a Dios por escuchar sus oraciones y sus súplicas. Pase lo que pase, David agradece que Dios nos preste atención. Podemos llevarle a Dios las cargas de nuestro corazón y Él nos escucha con el amor de un Padre perfecto. El dolor de David no pasa desapercibido y sus súplicas no caen en saco roto, y las tuyas tampoco. El Dios del universo, nuestro Padre, te escucha y está contigo. 3. Agradecidos de que Él tenga un plan para nuestras vidas (52) David ora con gratitud, esperando la acción de Dios. Da gracias de antemano por lo que Dios está haciendo y hará. Confía en que, como Dios lo ama, está de su lado, tiene buenos planes para él y está obrando en su vida, Dios le proveerá, lo protegerá y lo librará. David da gracias mientras ora por lo que Dios hará, y luego descansa en Él. Cuando David huye de sus enemigos y busca la liberación de Dios, le pide ayuda y le da gracias de antemano por la ayuda que recibirá en el camino (Salmo 52:5, 8-9). Que cada día sea una oportunidad para descubrir la presencia de Dios. Tu vida está llena de bendiciones, aunque parezcan pequeñas, y al reconocerlas y dar gracias, nuestra perspectiva cambia. Como una bola de nieve, las pequeñas bendiciones se convierten en mayores y nuestra fe en Dios crece. Cuando veas los dones de Dios o experimentes su gracia, da gracias.
19 de noviembre de 2025
En 1 Samuel 8 aprendemos que nuestros deseos deben someterse a la Palabra de Dios, en lugar de oponerse a ella. Desear lo que Dios no nos ha dado puede ser peligroso, y exigir lo que Dios retiene o prohíbe es un camino seguro al desastre. Antes de 1 Samuel 8, Dios era el rey de Israel. Esto los distinguía de las naciones vecinas gobernadas por poderosos reyes terrenales. Si Israel seguía únicamente a Dios como su rey, prosperaría y florecería. Pero Israel se cansó de los planes de Dios. Querían ser gobernados por un rey visible y humano. En lugar de vivir por fe en Dios, un rey terrenal les permitiría vivir por lo que veían. A medida que Israel se volvía codicioso y envidioso de otras naciones, el descontento con lo que Dios les había dado creció exponencialmente. Se preguntaban si Dios velaba por ellos o si les negaba algo bueno. La gratitud se apagó mientras que el murmullo se extendía. Finalmente, exigieron un rey (8:5). No solo se dejaron llevar por las costumbres del mundo en lugar de por las de Dios, sino que pusieron algo o a alguien en el lugar de Dios. Esa es la definición misma de idolatría. Buscan en un rey terrenal la realización de lo que solo su Rey celestial puede hacer. Dejaron de buscar a Dios y, en cambio, recurrieron a los seres humanos. Para colmo, Samuel vuelve a advertir a Israel que esto no funcionará como esperan (véase 8:10-18). Los ídolos nunca funcionan. Israel cree que esto les dará más poder y menos temor a otras naciones, pero termina por privarlos de su libertad. Piensan que un rey les brindará seguridad, y esto los lleva a una completa inseguridad e inestabilidad. Aunque claman por un rey, pronto clamarán a causa de su propio rey (8:18). La idolatría siempre funciona así. El brillo de ese objeto reluciente termina siendo un anzuelo que nos atrapa. Aquello que creemos que nos libera, nos esclaviza. Ahora nos causa estrés, miedo y ansiedad al desmoronarse y caer. Cuando ponemos algo o a alguien en el lugar de Dios, nunca cumple con lo que promete. Si no se controla, el aumento de la ingratitud permite que la idolatría se instale. Ya no solo deseamos que las cosas fueran diferentes, sino que el deseo se transforma en exigencia. Una exigencia pecaminosa (idolatría) es algo por lo que pecamos al obtenerlo o al no obtenerlo. En lugar de presentar nuestros deseos a Dios con la esperanza de recibirlos en su tiempo y según su plan, los perseguimos aparte de Él. Estas señales y síntomas de creciente ingratitud e idolatría deberían alarmarnos. Ninguna de estas cosas puede darnos lo que creemos. El descontento solo aumentará a menos que se combata con gratitud, confianza y descanso en Dios. Reflexiona sobre dónde te sientes tentado a la envidia, los celos y la idolatría. ¿Qué pasos debes dar para evitar caer en su trampa? ¿Qué mentiras crees y con qué promesas y verdades necesitas combatirlas?
18 de noviembre de 2025
Tengo una hija maravillosa de tres años. Dice cosas graciosas, dulces y también respondonas. Parece que cada semana aprende nuevas habilidades, frases y comportamientos. Algunas palabras le salieron de forma natural: «mío», «ahora» y «quiero». Otras requirieron más práctica. Palabras como «por favor» y «gracias» necesitan ser alentadas y reforzadas. Esta es la naturaleza humana (en su estado más vulnerable). Los adultos caen presa igual que los niños. Nos sentimos con derecho a todo y damos órdenes. Nadie tiene que enseñarnos a murmurar o criticar; nos sale natural. Nos ruge el estómago cuando tenemos hambre y nos duele el corazón cuando nos decepcionamos. Inculcar la gratitud requiere esfuerzo. Mi hija necesita que le recuerden decir «Gracias», y yo también. Necesitamos luchar contra los deseos egoístas que llevamos dentro y contra la forma en que se manifiestan a través de nuestras palabras y acciones. El Salmo 33 nos invita a expresar gratitud. El salmista nos dice que la alabanza y la acción de gracias son propias del pueblo de Dios. Dar gracias al Señor es justo por quién es Él y por lo que ha hecho. La alabanza tiene sentido porque Dios es fiel, justo, recto y amoroso (33:4-5). El Salmo 33 nos da la razón para dar gracias al mostrarnos otro panorama de la historia de Dios, desde la creación (33:4-9) hasta la providencia divina en el surgimiento y la caída de los reinos (33:10-19). El Salmo comunica la gloria de Dios como una invitación a alabarlo y darle gracias. Es un llamado a la adoración, impulsado por nuestra fe en Dios. Si crees que Dios es Creador y Rey de todas las cosas, y si crees que es tu ayuda y escudo, estas profundas verdades deberían conducir a la gratitud y la confianza. El agradecimiento puede comenzar como algo interno, un sentimiento de gratitud, pero debe fluir desde adentro hacia afuera al dar gracias. Cuanto más vemos a Dios y notamos su obra, más motivos tenemos para agradecer. Cada día hay misericordias y bendiciones que alimentan un nuevo canto de gratitud. Ver a Dios debería llevarnos a adorarlo con gratitud. Hay muchas maneras de hacerlo: cantando, orando, dando testimonio, contando historias, conversando y escribiendo, entre otras. Estas diversas maneras de expresar gratitud no solo permiten que aflore, sino que también ayudan a cultivarla donde falta. Así como mi hija aprende el valor de la gratitud y crece en ella al decir "Gracias", nosotros también entrenamos nuestra boca y nuestro corazón para expresar nuestra gratitud con palabras. Las palabras no solo dan forma a lo que sentimos, sino que a veces, al escribirlas o decirlas, intensifican ese sentimiento. Elegir dar las gracias nos lleva a reflexionar sobre aquello por lo que estamos agradecidos, lo cual aumenta nuestra gratitud. Empieza hoy mismo. Busca maneras de agradecerle a Dios. Luego, comparte con los demás por qué estás agradecido. No te conformes con una vaga sensación de gratitud. Aliméntala enfocándote en razones específicas por las que estás agradecido y dando gracias a Dios.
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